La ciclovía de Montejo, una mirada desde la bici

por Abril Carrillo.

En las últimas semanas se ha hablado mucho de la nueva infraestructura ciclista de la ciudad, la cual ha sido objeto de polémica especialmente por parte de quienes se desplazan en automóvil. En este artículo les contaré desde mi experiencia como ciclista que utiliza cotidianamente un tramo de Prolongación Montejo para ir al trabajo.

Primero que nada, debo contarles que llevo 10 años andando en bicicleta, no sólo de forma recreativa, sino que la bici se ha vuelto mi modo principal de transporte los últimos años; también he estado involucrada desde hace 10 años en el activismo ciclista por lo que el tema es importante para mí en varios sentidos. Cabe aclarar que sé manejar automóvil y en algún momento he tenido que usarlo por trabajo; no estoy en contra de su uso ni de que existan, ya que les facilita la vida y el movimiento a muchas personas, pero sí estoy en contra de su uso desmedido e inconsciente.

A lo largo de los años que llevo pedaleando en esta ciudad, la ciudad donde nací, crecí y donde siempre he vivido, no había visto un cambio tan significativo en materia de infraestructura ciclista como el que hubo en estos dos últimos años. El ver en la ciudad una ciclovía confinada decente, un carril bus-bici con reductores de velocidad, cruces peatonales seguros en muchas intersecciones conflictivas y el aumento significativo, según mi percepción, de la cantidad de ciclistas que ahora transitan por las calles, ha sido y es una experiencia muy alentadora y que me da esperanza de que en algún momento podamos transitar hacia un modelo de ciudad menos enfocado en el automóvil particular.

Diariamente pedaleo aproximadamente 9.5 kilómetros de ida al trabajo y otros 9.5 kilómetros de regreso a casa, teniendo la oportunidad de transitar por el tramo de la ciclovía confinada de Paseo de Montejo, uno de los tramos más cuidados de esta nueva red ciclista. Quienes transitamos por ahí en bicicleta aún seguimos aprendiendo a comunicarnos entre sí para poder convivir en esa vía, ya que, si bien es fabuloso tener un espacio seguro, no cuenta con el ancho suficiente para permitir el rebase seguro entre ciclistas, siendo ésta una de las cosas que no quedaron resueltas. A pesar de ello, es afortunado que no tengamos una carcasa de metal alrededor y podamos comunicarnos cuando vamos a rebasar o a ceder el paso, así que no se dejen engañar por personas que dicen que por estos detalles la ciclovía está mal y debería cambiarse de lugar para ponerse sobre la banqueta. Dejemos algo claro: las banquetas son para las personas que caminan, para los niños y niñas que juegan o van en bici, para las personas que sacan sus sillas para platicar, y para muchas otras actividades, pero no para moverse en bicicleta.

El otro tramo que utilizo es Prolongación Montejo, desde el Monumento a La Patria hasta el acceso del Club Campestre. Este tramo, aun usando el carril bus-bici, era uno de los más peligrosos de mi trayecto ya que los automovilistas y operadores de transporte público transitaban en él a altas velocidades y sin guardar una distancia segura con las ciclistas que igual lo utilizábamos, por lo que todos los días debía tener extremo cuidado cuando pedaleaba ese tramo, lo que me generaba mucho estrés y preocupación de morir atropellada o de caerme a causa de alguna alcantarilla que no estuviera en buen estado ya que debía pegarme completamente a la banqueta para que haya menos probabilidad de que algún autobús o auto me golpee.

Esta preocupación y estrés disminuyó hace 4 semanas y media con la instalación de los muy controversiales reductores de velocidad. Déjenme decirles que el día que los vi, un 6 de enero a las 8:45 de la mañana, me sentí realmente feliz y tranquila, debo aclarar que ya sabía de su existencia, de cómo se usan y de sus propósitos, por lo que llevaba meses esperando su instalación.

Con la instalación vinieron varios cambios en ese carril. Con el fin de mantener una velocidad constante, los operadores de autobuses deben mantener su trayectoria hacia el costado izquierdo cuando pasan sobre los cojines, ya que de lo contrario se ven obligados a frenar para pasar por encima de los cojines como si fueran un tope. El hecho de que mantengan su trayectoria del lado izquierdo –que es donde están ubicados los reductores– permite dejar un espacio cómodo a la derecha del carril para que incluso un triciclo pueda transitar al mismo tiempo que un autobús.

Los automovilistas ahora tienen que reducir su velocidad en este carril sí o sí, ya que, para los autos pequeños y medianos, los “cojines” funcionan como una especie de tope cuando los pasan por encima. Pese a que algunos automovilistas utilizan el espacio que queda a la derecha entre los reductores y la banqueta, aun así deben bajar su velocidad.

Sé que muchas personas están en contra de la instalación de estos reductores de velocidad y sé que muchos hablan desde la ignorancia, ya que es la primera vez que ven este tipo de infraestructura y no saben cómo funciona. El propósito de los cojines no es obstaculizar el tránsito vehicular sino de dotar de condiciones más seguras para quienes nos desplazamos en bicicleta todos los días para ir al trabajo, a la escuela u otras razones más.

El que ahora se esté invirtiendo una parte del presupuesto de movilidad en infraestructura ciclista, cruces peatonales seguros a nivel de calle o al transporte público, después de décadas de invertir prioritariamente en la movilidad del automóvil particular, sin duda alguna supone un avance que no solo merece ser reconocido sino también defendido por quienes nos dedicamos al activismo ciclista. Como activista me es grato ver cambios después de años de presión y en la que como ciclista me siento más tomada en cuenta, segura y tranquila.

Desde luego, queda un largo camino por recorrer, apostando por la mejora continua de la infraestructura ciclista ya instalada y ampliar la red de infraestructura ciclista a otras zonas de la ciudad con sus diversas modalidades, todo ello con fin de tener una Mérida más segura, más inclusiva y sostenible.

 

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